Alta posicionamiento en buscadores y directorios CASO RICHARD

ESTAS IMAGENES ESTAN RELACIONADAS CON TODO LO QUE TIENE QUE VER EN EL CASO DE ABUSO DE DD HH CONTRA MI FAMILIA Y YO, COMO CONSECUENCIA DE LOS HECHOS OCURRIDOS EN EL CAQUETA, COLOMBIA, EN AGOSTO DE 1996. EL MATERIAL DE ESTE BLOG QUEDA COMO UN TESTIMONIO DE LO QUE ALLI SUCEDIO.

viernes, junio 16, 2006

























En este blog quiero dejar registradas las evidencias fotográficas de los acontecimientos y consecuencias que me obligaron a tomar la difícil decisión de ir al exilio, como una medida necesaria, para proteger a mi familia.

























Mi profesión es la de camarógrafo-reportero en áreas de conflicto. Oficio, en Colombia, que se ejerce con muchos riesgos y sin ninguna seguridad social.


Esta es mi familia cuando nació mi pequeña Juliana. (1995) La conforman además, mi hijo Mateo y mi esposa Sara.

























Durante el periodo 1986-1997, estuve vinculado en Colombia, al trabajo de reportero en zonas determinadas de alto riesgo en “orden publico”, debido a los enfrentamientos entre los diferentes grupos armados ilegales y las fuerzas del Estado colombiano. Labor que desarrolle en varios medios de comunicación nacional, como los noticieros de televisión: CM&, NTC, 12:30 y otros.



Ese jueves 29 de agosto de 1996, después de violentos enfrentamientos entre una masa de campesinos que trataban de avanzar en una marcha y un escuadrón de soldados y policías que se los impedía, fui golpeado salvajemente por varios militares a los que sorprendí con mi cámara cuando abusaban de un grupo de campesinos, como lo muestran estas imágenes.

A pesar de la golpiza que recibí y aun que rompieron mi cámara, el material que grabe esa tarde se salvo y gracias a la solidaridad de otros periodistas en la zona, el mundo vio las imágenes de los atropellos y abusos que allí se cometían.


Mientras continuábamos con el cubrimiento periodístico de las marchas campesinas, y buscábamos entender sus origenes y motivaciones, fuimos retenidos, durante varios días, por un grupo de la guerrilla, pero luego de ser liberados, el ejército nos señalo como colaboradores de los alzados en armas.


Los señalamientos que nos hicieron los miembros de la fuerza pública, en el sentido de que “los periodistas estábamos allí haciéndole el juego a la guerrilla”, nos crearon serios problemas de seguridad frente a los grupos paramilitares de la zona, los que nos convirtieron en odjetivos militares.

























Los miembros de la prensa que nos encontrábamos cubriendo el desarrollo de las marchas campesinas, en el Caquetá Colombia, terminamos convertidos en parte del conflicto, cuando fuimos agredidos por los soldados y policías.



























Durante estos enfrentamientos, aquellos que nos dedicábamos a cubrir la información, nos vinimos de repente convertidos en los protagonistas de la noticia.


La golpiza de que fui victima por parte de los soldados, me dejo serias lesiones internas y contusiones en el cuerpo.


Por dos semanas estuve incapacitado laboralmente como consecuencia de este incidente.


El apoyo más importante lo recibí de mi familia y la solidaridad de varios colegas del los medios.




Después de estos acontecimientos y de regresar al trabajo, recibí la presión de las directivas del noticiero para el que yo trabajaba, buscando que desistiera de demandar a los militares por los graves hechos de los que fui afectado.


Las amenazas no se hicieron esperar. El 5 de octubre de 1997, recibí esta advertencia en mi casa. Aunque ya había recibido otras en el trabajo, como también llamadas insultantes, un día después de esta nota, varios sujetos trataron de secuestrarme cuando salía de mi casa para ir al trabajo. Logre escaparme milagrosamente, pero las constantes amenazas y seguimientos, tanto a mi como a mi familia, me obligaron a tomar la decisión de abandonar el país.

























Separarme de la familia fue la situación más dolorosa y difícil de este episodio.
Fui enviado al exterior, mientras mis hijos y Sara debieron permanecer en el país, casi clandestinamente, hasta que logre conseguir el asilo político.














Recibir el estatus de asilado político, también fue noticia en los periódicos y noticieros hispanos en US.



















El congresista de los EEUU, Joseph Kennedy, quien adelantaba una campana para el cierre de la Escuela de las Ameritas, se solidarizo con nuestro caso y logro acelerar el reencuentro familiar.

















Después de casi un año de estar separados, volver a encontrarnos y abrazarnos fue lo mejor que nos ha sucedido. Iniciábamos una nueva vida, con la esperanza de ver crecer a nuestros hijos en un mundo mejor.

jueves, junio 15, 2006


El fantasma de la tragedia continuaba persiguiendo la mente de mis hijos. Así plasmo mi hijo Mateo los terribles acontecimientos del 11 de sep. 2001. en NY, pesadilla que vivimos muy de cerca.


Pero quizás el momento más difícil que he vivido durante estos largos años de exilio, fue la muerte de mi madre y no poder estar en Colombia al lado de los míos en estos momentos tan dolorosos para toda la familia.




He tratado de mantenerme laboralmente vinculado a los medios, pero sobrevivir en un país extraño, con otra cultura, otra lengua, ha sido un gran reto.


Este caso ha sido llevado y denunciado en numerables foros internacionales y en la actualidad se encuentra en espera de una decisión en la comisión Interamericana de DDHH de la OEA, debido a que en Colombia no se ha procesado ni se ha acusado a nadie por estos hechos.






















Colombia se ha convertido, vergonzosamente, después de Irak, en el país más peligroso para ejercer la profesión de periodista.


Desgraciadamente estas imágenes se siguen repitiendo en nuestro país. La violencia en el campo colombiano ha dejado casi 3 millones de desplazados.

Aquí en exilio me mantengo vinculado a varias organizaciones que luchan por la defensa de los derechos humanos, para que otras personas en el mundo no se vean obligadas abandonar su patria.